Fibrilación auricular en atletas de resistencia: es cuestión de volumen, no del deporte
En los aficionados al deporte de resistencia la fibrilación auricular aparece de 2 a 5 veces más a menudo, pero la relación tiene forma de U: las cargas moderadas protegen el corazón, mientras que los sobrevolúmenes crónicos pueden aumentar el riesgo. Analizamos los datos y las señales de «hora de ir al médico».
Imagina esto: terminas una larga carrera del domingo, el pulso baja tranquilamente y, de repente, algo «aletea» en el pecho, el corazón pierde el ritmo. Para la mayoría es un episodio aislado sin consecuencias. Pero en los atletas de resistencia con muchos años de práctica, así es como a veces se manifiesta por primera vez la fibrilación auricular (FA), la alteración del ritmo más frecuente. La paradoja es que el deporte a la vez protege el corazón y, con volúmenes acumulados enormes, puede aumentar ligeramente el riesgo de esta arritmia concreta. Vamos a analizarlo con calma y con datos.
Qué muestran los datos
En los atletas de resistencia la FA aparece con más frecuencia que en las personas sedentarias, aproximadamente de 2 a 5 veces (JACC: Case Reports, 2026). En un amplio estudio de 3939 hombres sanos mayores de 45 años, la prevalencia total de FA/aleteo fue del 7,5 %, y crecía notablemente con la edad: del 5-10 % en corredores y ciclistas de 55-60 años hasta el 10-18 % en ciclistas y esquiadores de 65-70 años (Eur Heart J Open, 2026).
Ahora bien, el factor clave no es el tipo de deporte, sino el volumen acumulado. En las personas con la mayor carga de entrenamiento total, las probabilidades ajustadas de FA se duplican aproximadamente (aOR en torno a 1,9-2,0). La relación «dosis-efecto» se ve directamente en las cifras: alrededor de +2 % de riesgo por cada 1000 horas de entrenamiento y cerca de +16 % por cada 10 años de práctica activa. En las cohortes más extremas —exremeros profesionales o corredores de orientación de élite— el riesgo aumentaba de 5 a 7 veces, pero se trata de casos raros y extremos, no del retrato del aficionado.
Los mecanismos están claros: los años de cargas voluminosas estiran y agrandan poco a poco las aurículas (en el protagonista del análisis de JACC, una dilatación moderada de la aurícula izquierda sin enfermedad estructural del corazón), favorecen la fibrosis, y un pulso bajo en reposo junto con un tono vagal alto crean el terreno «eléctrico» para las alteraciones del ritmo. Añade la inflamación y la predisposición genética y quedará claro por qué a unos les va bien y a otros no.
La curva en forma de U: la dosis lo decide
La idea principal de ambas fuentes: la relación entre la carga y la salud del corazón tiene forma de U. La actividad moderada y regular reduce sin lugar a dudas los riesgos cardiovasculares y alarga la vida. Pero con los sobrevolúmenes crónicos, el entrenamiento, según la expresión de los autores de JACC, puede «desplazarse» de la zona protectora a la arritmogénica. Importante: se habla de años acumulados y miles de horas, no de una sola carrera. El mito de que «el maratón mata el corazón» no lo confirman los datos: para la inmensa mayoría de los aficionados el deporte sigue siendo un beneficio neto.
Síntomas y qué hacer
Con calma, sin pánico, pero estas señales no se pueden ignorar:
- latidos irregulares, «aleteo» o un pulso claramente arrítmico;
- disnea inexplicable ante una carga habitual;
- mareos, sensación de desmayo inminente;
- caída brusca del rendimiento sin una causa evidente.
Un detalle característico: en los atletas la FA suele ser «vagal»: los episodios aparecen más a menudo en reposo o en la fase de recuperación tras el entrenamiento, y no en el pico del esfuerzo (así fue precisamente en el maratoniano de 38 años del análisis de JACC, con 15 años de práctica).
¿Qué hacer? No abandonar el deporte «por si acaso», sino registrar el episodio (un dispositivo portátil con ECG ayuda) y acudir al cardiólogo. El manejo moderno funciona: a aquel paciente, tras un intento fallido de control farmacológico, le hicieron una ablación (aislamiento) de las venas pulmonares, y a los 12 meses el ritmo era estable, mientras que volvió a entrenar en 8 semanas.
Lo que conviene tener bajo control ya desde ahora:
- el alcohol, desencadenante probado de la FA;
- la falta crónica de sueño y el sobreentrenamiento;
- los estimulantes (exceso de cafeína, bebidas energéticas, algunos suplementos preentrenamiento);
- una periodización y recuperación razonables, que reducen el «desgaste» total de las aurículas.
Limitaciones
Los datos son en buena medida observacionales: muestran una relación, pero no demuestran que el volumen «cause» directamente la FA en cada persona. Los tipos de deporte, la duración y la intensidad están estrechamente entrelazados, y es difícil separar su aporte. El riesgo individual se compone de muchas cosas: edad, sexo, complexión, factores de riesgo, genética y años de carga. Especialmente atentos deben estar quienes tengan más de 40, quienes mantengan durante años volúmenes muy grandes o quienes tengan antecedentes familiares de arritmias. Y a la inversa: el mito de «como soy deportista, seguro que no tendré arritmia» también es falso.
Lo esencial
- La FA en atletas de resistencia aparece de 2 a 5 veces más a menudo; lo decide el volumen acumulado, no el tipo de deporte.
- La relación tiene forma de U: las cargas moderadas protegen el corazón, los sobrevolúmenes crónicos pueden aumentar el riesgo.
- Señales de alarma: latidos irregulares, pulso arrítmico, disnea inexplicable, mareos, caída brusca de la forma.
- Para la mayoría de los aficionados esto no es motivo para abandonar el deporte, sino para acudir al cardiólogo y poner orden en el alcohol, el sueño y la recuperación.
- Más atención: edad de más de 40, volúmenes enormes, antecedentes familiares.
Este material tiene carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Ante los síntomas mencionados, acude a un cardiólogo.
Fuentes: Alameh I. y cols. «Atrial Fibrillation in Athletes: Mechanisms, Management, and Future Directions», JACC: Case Reports, 2026. https://doi.org/10.1016/j.jaccas.2026.107061. Myrstad M. y cols. «Atrial fibrillation risk in athletes: it's not the sport, it's the mileage», European Heart Journal Open, 2026. https://doi.org/10.1093/ehjopen/oeag090 (PMID: 42368426).