Broncoespasmo por ejercicio: por qué «hoy no arranco» a veces significa bronquios estrechados
En los deportistas de resistencia el estrechamiento de las vías respiratorias durante el esfuerzo aparece varias veces más a menudo que en la población general, y el diagnóstico «por sensaciones» casi no funciona. Analizamos a quién afecta y por qué hace falta una prueba objetiva.
Una escena conocida: los primeros diez minutos de trabajo interválico salen normales, pero después la respiración se vuelve pesada, aparece opresión en el pecho y lo achacas a la mala forma, a haber dormido poco o a que «hoy no es mi día». A veces es así. Pero en una parte de los corredores, esquiadores y triatletas detrás de esas sensaciones hay un mecanismo fisiológico concreto: el broncoespasmo inducido por el ejercicio (EIB, exercise-induced bronchoconstriction). Y aparece mucho más a menudo de lo que suele creerse.
Qué es y de dónde viene
El EIB es un estrechamiento transitorio de las vías respiratorias durante el esfuerzo intenso o, más a menudo, justo después. Conviene separar de entrada dos conceptos: no es lo mismo que el asma. El broncoespasmo por ejercicio se da en personas con asma, pero también aparece en quienes en reposo tienen la respiración perfectamente bien.
La explicación principal es la «osmótica». En el trabajo intenso hacemos pasar por los pulmones volúmenes enormes de aire, y además respiramos por la boca. La mucosa de las vías respiratorias debería llegar a calentar y humidificar ese aire, pero con una ventilación alta sencillamente no da abasto y pierde agua. La deshidratación de la superficie desencadena la liberación de mediadores inflamatorios, y la musculatura lisa de los bronquios se contrae.
De ahí se entiende también la lista de factores de riesgo que enumera la revisión:
- aire frío y seco, por eso las modalidades de invierno están en un grupo de riesgo especial;
- cloro en las piscinas;
- contaminación del aire;
- volúmenes e intensidades elevados, es decir, la propia especificidad de la resistencia.
Sale una lógica desagradable: cuanto más entrenas en un deporte de resistencia, mayor es tu exposición a los desencadenantes.
Cuán frecuente es
Las cifras de la revisión de 2026 impresionan. En los deportistas de élite el EIB aparece en un 10-50 %, frente a un 5-10 % en la población general. La dispersión es grande porque depende mucho del deporte y de las condiciones: en las disciplinas de invierno la proporción es especialmente alta, y en las modalidades acuáticas de los Juegos Olímpicos de 2008 el indicador llegaba al 20 %.
En el deporte de resistencia —distancias largas, duatlón y triatlón, ciclismo, esquí de fondo— las estimaciones de prevalencia entre la élite llegan aproximadamente al 13 %. No es una rareza, sino un fenómeno masivo en el que la mayoría de los aficionados simplemente no piensa.
Por qué el «por síntomas» no funciona
Aquí está la principal conclusión práctica de la revisión, y es contraintuitiva: los síntomas predicen mal la presencia de EIB. Algunos deportistas con estrechamiento bronquial confirmado casi no notan nada y lo achacan todo al cansancio. Otros se quejan de disnea y opresión en el pecho, pero la prueba objetiva no encuentra nada, y la causa resulta ser otra (por ejemplo, una disfunción de las cuerdas vocales o una simple falta de forma).
Sencillamente no existe un cuestionario de cribado validado que descarte el EIB de forma fiable, y los autores lo relacionan directamente con el infradiagnóstico masivo.
Por eso el diagnóstico se establece de forma objetiva. El método principal es la hiperventilación voluntaria eucápnica (EVH): el deportista respira intensamente una mezcla de gases seca especial, imitando el esfuerzo, y antes y después se mide la función respiratoria. El criterio estándar es una caída del VEF₁ (FEV₁) del 10 % o más. La espirometría corriente en reposo aquí sirve de poco: puede ser absolutamente normal.
Merece la pena subrayarlo aparte: el autodiagnóstico y el «probar el inhalador de otro» son una mala idea. En primer lugar, eso no cura algo que quizá ni tengas. En segundo lugar, los beta₂-agonistas y los corticoides inhalados están regulados por las normas antidopaje, y hay que usarlos dentro de los requisitos de la AMA (WADA), no por el consejo de un chat.
Qué hacer si sospechas que lo tienes
El algoritmo práctico es sencillo.
- Registra el patrón. El EIB suele manifestarse entre 5 y 15 minutos después del inicio del trabajo intenso o justo al terminarlo, y se agrava notablemente con el frío y el aire seco. Si el cuadro se repite, es motivo para hacerse pruebas, no para otro intento de «aguantar».
- Ve al médico a por una prueba objetiva, no a por un diagnóstico basado en una descripción. Hay que pedir precisamente una prueba de provocación, y no solo una espirometría en reposo.
- Trabaja los desencadenantes. En los días de helada ayudan los dispositivos que conservan el calor y la humedad del aire espirado, desde mascarillas intercambiadoras de calor especializadas hasta un simple buff en la cara. Los entrenamientos en días de alta contaminación es mejor aplazarlos o llevarlos a cubierto.
- No suprimas el calentamiento. La entrada progresiva antes del trabajo intenso reduce en muchas personas la intensidad del broncoespasmo posterior.
- El tratamiento existe y funciona. La revisión describe un enfoque combinado: corticoides inhalados, beta₂-agonistas y medidas no farmacológicas. El objetivo no es dejar el deporte, sino retirar el limitador.
Este material tiene carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Ante los síntomas descritos, acude a un neumólogo o a un médico deportivo.
Lo esencial
- El EIB es un estrechamiento transitorio de las vías respiratorias durante el esfuerzo; no es sinónimo de asma y se da en personas con pulmones sanos en reposo.
- La causa es la pérdida de agua de la mucosa con una ventilación alta; desencadenantes: aire frío y seco, cloro, contaminación, grandes volúmenes.
- La prevalencia en deportistas de élite es del 10-50 % frente al 5-10 % de la población; en resistencia las estimaciones llegan al 13 %, y en modalidades acuáticas se registró un 20 %.
- El diagnóstico por síntomas no es fiable y no hay cuestionario validado: de ahí el infradiagnóstico masivo.
- Hace falta una prueba objetiva (EVH), con el criterio de una caída del VEF₁ del 10 %; la espirometría en reposo puede ser normal.
- Los fármacos están sujetos a las normas de la AMA (WADA): la automedicación es inadmisible, pero con un diagnóstico correcto la situación se controla bien.
Fuentes: «Exercise-Induced Bronchoconstriction in Athletes: A Narrative Review», Quality in Sport, 2026. https://apcz.umk.pl/QS/article/view/73477. «Management of Exercise-Induced Bronchoconstriction in Athletes», The Journal of Allergy and Clinical Immunology: In Practice. https://www.jaci-inpractice.org/article/S2213-2198(20)30252-X/fulltext