CGM en deportistas sanos: qué muestra realmente el sensor de glucosa y qué nos hemos inventado
En pruebas de récord la glucosa de atletas de élite sin diabetes baja a 3,0 y sube a 11 mmol/L, y es normal. Analizamos para qué le sirve un sensor a un aficionado, por qué no es un „indicador de combustible“ y dónde empieza el autoengaño.
Tres atletas de élite. Un récord mundial en una ultra por relevos, un everesting de récord y una inmersión en apnea a 93 metros. Los tres llevan en el brazo un sensor de monitorización continua de glucosa (CGM). Ninguno tiene diabetes. Y ninguno estuvo „en rango“ durante toda la prueba según los baremos de las tablas clínicas.
Qué muestran los sensores en pruebas reales
Una serie de casos publicada en Sensors en 2026 describe estas tres pruebas, y tres patrones de glucosa completamente distintos.
Race Across the West: 44 horas 20 minutos, 1329 km, 12 700 m de desnivel, relevos de dos con turnos de 20–40 minutos. Glucosa media sobre la bici: 5,1 ± 1,3 mmol/L; en descanso: 6,4 ± 1,4. Rango total durante la carrera: de 3,0 a 9,4 mmol/L. Por debajo de 3,9 mmol/L el atleta pasó el 9,15 % del tiempo sobre la bicicleta frente al 1,23 % durante el descanso. Y eso comiendo: 2591 g de carbohidratos, una media de 58 g/h (92 g/h el primer día, 53 el segundo, 31 el tercero). Comía solo entre turnos, es decir, cada salida a la carretera después de comer reproducía el escenario clásico de hipoglucemia reactiva.
Everesting: 6 horas 40 minutos de trabajo continuo, 76 repeticiones de una subida con pendiente media del 14,2 %, 8848 m de desnivel, potencia media 296 W. Glucosa: 8,9 ± 0,3 mmol/L, coeficiente de variación 3,5 %. Prácticamente una línea recta. Solo que esa línea estuvo por encima de 7,8 mmol/L exactamente el 100 % del tiempo. Carbohidratos: 149 g/h, muy por encima de la recomendación estándar de 90 g/h.
Apnea: 93 metros, 3 minutos 55 segundos. Tras emerger, la glucosa se mantuvo en 10,4 ± 1,0 mmol/L y no bajó de 11,1 mmol/L durante unos 50 minutos, y eso que el atleta llevaba 12 horas sin comer. El lactato, mientras tanto, se disparó de 0,7 a 13,4 mmol/L.
Conclusión de los autores: las desviaciones de la „euglucemia“ en el deporte de élite son algo habitual y reflejan una respuesta adaptativa al estrés extremo, no una regulación averiada.
Lo que el CGM no puede hacer
Una revisión en Performance Nutrition (2025) explica por qué de estos gráficos no se puede sacar una estrategia nutricional.
El sensor no mide sangre. El CGM determina la glucosa del líquido intersticial. Entre ese líquido y la sangre hay un desfase de 5–10 minutos, y crece justo cuando la glucosa cambia rápido, es decir, en trabajo intenso y después de comer. La precisión cae con la intensidad alta y con valores por debajo de 4,0 mmol/L. El MARD es del 9–14 % en clínica y <15 % bajo carga, y los límites de concordancia con el análisis de laboratorio son de aproximadamente ±1,5 mmol/L. Unidad y media es la diferencia entre „todo va bien“ y „me estoy hundiendo“.
El sensor no ve el combustible. La glucosa en sangre es solo el 20–30 % de las fuentes de carbohidratos disponibles. El glucógeno muscular, el depósito principal, físicamente no sale del músculo ni llega a la sangre. El CGM no mide ni el glucógeno ni el flujo de carbohidratos desde el intestino. Un atleta bien abastecido mantiene una glucosa normal gracias al hígado, es decir, una línea plana no dice nada sobre cuánto combustible queda.
No se ha encontrado relación con el resultado. No hay pruebas causales de que un nivel concreto de glucosa o su estabilidad influyan en el rendimiento. Los estudios no han mostrado relación entre las métricas glucémicas y el tiempo en meta.
Cómo usarlo con cabeza
Sirve para buscar patrones en los entrenamientos. Cómo reaccionas a un desayuno concreto 30, 60 y 90 minutos antes de la salida. Si te hundes en los primeros diez minutos tras el gel previo. Qué hace el café en ayunas. Dónde empieza el desplome en una tirada larga de tres horas. Son hipótesis que luego se comprueban con las sensaciones y el ritmo, no al revés.
No sirve para tomar decisiones según la cifra en carrera. Entre la realidad y la pantalla están el desfase, el error y el hecho de que la cifra no habla de combustible. Toma el gel según el plan, no según el sensor.
Mitos que conviene enterrar:
- „Azúcar plano = buena forma“. El recordista del everesting tuvo una variabilidad del 3,5 %, con una glucosa de 8,9 mmol/L durante las seis horas y media. Plano y alto.
- „El CGM te dirá cuándo toca comer“. No te lo dirá: cuando la glucosa empieza a bajar, el glucógeno ya está gastado y el sensor va con retraso.
Por eso la estrategia de carbohidratos se sigue calculando en gramos por hora, a partir de la duración, la intensidad y el entrenamiento del intestino, no según las lecturas del sensor. La pauta de 60–90 g/h habla de capacidad de absorción, algo que el sensor sencillamente no mide.
Limitaciones
Es una serie de tres casos sin control hormonal, sin medición de glucógeno y sin sincronizar la glucosa con la potencia. No se puede generalizar. Los propios dispositivos están aprobados para el manejo de la diabetes: su uso en personas sanas es off-label. Súmale los artefactos por compresión durante el sueño, la pérdida de conexión con el teléfono (en el everesting el intervalo pasó de 1 a 15 minutos) y un alto riesgo de interpretación errónea, hasta llegar a restricciones alimentarias innecesarias por un pico posprandial perfectamente normal.
Aparte: el sensor no es un diagnosticador. Pero si fuera de los entrenamientos ves de forma constante valores en ayunas o tras una comida normal que te inquietan, eso es motivo para hacerte análisis en condiciones con un médico, no para construir teorías sobre un gráfico.
Lo esencial
- En pruebas reales, la glucosa de atletas de élite sanos fue de 3,0 a más de 11 mmol/L, y es una respuesta a la carga, no una patología.
- El patrón depende del tipo de carga: el relevo entrecortado dio caídas, la subida continua una hiperglucemia estable, y la apnea una subida diferida tras emerger.
- El CGM mide líquido intersticial con un desfase de 5–10 minutos, y la precisión cae justo en el trabajo intenso.
- El sensor no ve el glucógeno muscular ni el flujo de carbohidratos: no es un „indicador de combustible“.
- La relación causal entre el nivel o la estabilidad de la glucosa y el resultado no está demostrada.
- Útil como herramienta de exploración en los entrenamientos, inútil y perjudicial como consejero en carrera.
- La alimentación se calcula en g/h según el plan; las cifras preocupantes fuera del entrenamiento, al médico y no al foro.
Fuentes: Sensors, 2026 — Beyond Euglycemia: Case Studies Using Continuous Glucose Monitoring in Elite Athletes Without Diabetes During Record Athletic Events; Performance Nutrition, 2025 — Application potential of continuous glucose monitoring (CGM) in elite endurance athletes without diabetes. https://doi.org/10.3390/s26051624 · https://doi.org/10.1186/s44410-025-00013-7