Capítulo 10. «Juegos mentales»: cómo negociar con tu cabeza y llegar a la meta
Tu «porqué», las tres metas, la visualización de las crisis y la revisión sistemática en el «pozo»: azúcar, sal, agua, ritmo.
«Eres mejor de lo que crees y puedes más de lo que imaginas», despide a los corredores en la salida Ken Chlouber, fundador de la legendaria ultra Leadville Trail 100.
Hemos analizado en detalle cómo preparar tu cuerpo para el ultramaratón. Pero la verdad es que, a partir del kilómetro 50, 60, 70, la carrera ya no la corren las piernas. La corre la cabeza. El ultramaratón es, ante todo, una prueba mental. Tu cuerpo es capaz de mucho más de lo que crees. La clave está en convencer de ello a tu cerebro, que hará todo lo posible por obligarte a parar.
10.1. Tu «brújula» interior: ¿para qué estás aquí?
Cuando el reloj marque las 3 de la madrugada, te hayas perdido, se te haya acabado el agua y aún queden 40 kilómetros hasta la meta, tu cerebro te hará una pregunta muy simple: «¿Y para qué estamos haciendo todo esto, exactamente?». Y tienes que tener una respuesta clara, de hormigón armado.
- Encuentra tu «porqué»: «Quiero demostrarme que puedo», «Quiero ver amanecer en la montaña», «Quiero ser un ejemplo para mis hijos». La respuesta puede ser cualquiera, pero debe ser tuya, sincera y muy fuerte. Escríbela en un papelito y mételo en la mochila. En el momento difícil se convertirá en tu «gel» más importante.
- Ponte tres metas:
- Meta mínima (bronce): simplemente llegar a la meta. Es el objetivo principal en la primera ultra.
- Meta óptima (plata): entrar en un tiempo determinado (por ejemplo, 15 horas).
- Meta máxima (oro): entrar en el top 50 o adelantar a aquel tipo de tu club de corredores. Este sistema te protegerá de la decepción si algo no sale según el plan «de oro».
10.2. Hazte amigo de la incomodidad
El ultramaratón duele. Punto. Tendrás rozaduras, dolores, náuseas. Tu tarea no es evitar la incomodidad, sino aprender a aceptarla y a trabajar con ella.
- Convierte al crítico en aliado: en tu cabeza hay una voz interior que lloriqueará: «Estamos cansados, vamos a parar, ¿para qué necesitamos esto?». No luches contra ella. Negocia. «Sí, ya sé que estamos cansados. Corramos hasta aquel árbol y comamos un caramelo. Y luego, hasta aquella colina, y escuchamos nuestra canción favorita».
- Cómete al elefante a trocitos: no pienses en los 100 kilómetros. Desmoraliza. Tu distancia llega hasta el próximo avituallamiento. ¿Llegaste? Estupendo, nueva meta: el siguiente avituallamiento. Así, con pasitos pequeños, te comerás el «elefante» entero.
10.3. La «película» en tu cabeza: la visualización
Los mejores atletas «corren» la carrera decenas de veces en su cabeza antes incluso de la salida.
- Proyecta la película: cierra los ojos e imagina toda la carrera. Aquí estás, corriendo con ligereza los primeros kilómetros. Aquí encaras con seguridad una subida dura. Aquí, en el avituallamiento, repones existencias con rapidez.
- Ensaya la crisis: ¿y si llueve? ¿Y si te da un calambre? ¿Y si te pierdes? Recrea mentalmente esos escenarios y tus acciones. Cuando (y si) ocurra en la realidad, ya tendrás un plan preparado y no habrá pánico.
10.4. Zen en carrera: el poder del momento presente
El cerebro ansioso salta constantemente entre el pasado («tenía que haber salido más despacio») y el futuro («¡Dios mío, todavía me quedan 50 km!»). Tu tarea es devolverlo al «aquí y ahora».
- «Conéctate a tierra»: concéntrate en lo que ocurre ahora mismo. Escucha el crujido de la grava bajo tus pies. Siente el ritmo de tu respiración. Mira el juego de la luz en las hojas. Son técnicas simples de mindfulness que devuelven el control de la situación.
10.5. Cuando te derrumbas: plan de acción en el «pozo»
El «pozo», el «muro», la «crisis»: ocurrirá seguro. Sentirás apatía total, debilidad y ganas de retirarte de inmediato. ¿Qué hacer?
Revisión sistemática. No entres en pánico. Haz un «chequeo» rápido:
- ¿Azúcar? ¿Cuándo comí por última vez? Cómete un gel. Ahora mismo.
- ¿Sal? ¿Cuándo tomé por última vez una pastilla de sal? Tómala.
- ¿Agua? ¿Estoy bebiendo lo suficiente?
- ¿Ritmo? ¿Quizá estoy corriendo demasiado rápido? Baja el ritmo o pasa a caminar.
La regla de los 15 minutos. Dite a ti mismo: «Voy a hacer todo esto ahora y me doy 15 minutos. Si en 15 minutos no me siento mejor, pensaré en retirarme». En el 90 % de los casos, a los 15 minutos el azúcar y la sal llegan a la sangre y la vida recupera sus colores.
📖 Caso práctico: Dmitri, 42 años, primera ultra de 80 km
Dmitri se preparó de maravilla: 5 meses de entrenamiento sistemático, pasó un test de laboratorio, conocía sus zonas. Los primeros 50 km de la carrera fueron como la seda. Pulso estable, nutrición según el plan, sensaciones excelentes.
En el kilómetro 55 empezó una subida dura. El cielo se cubrió de nubes y empezó a caer una lluvia fría. La temperatura bajó de +18 a +8. Dmitri se caló hasta los huesos. Hacia el kilómetro 60 le derrumbó:
- escalofríos, temblor en las manos;
- apatía total: «¿Para qué habré venido aquí?»;
- pensamientos: «Tengo mujer e hijos en casa y yo aquí, sufriendo por tonterías»;
- el ritmo cayó de 7:30/km a 10:00/km, y luego directamente pasó a caminar.
Qué hizo Dmitri (correctamente):
- Se detuvo 30 segundos y respiró hondo: «Alto, el pánico no me va a ayudar».
- Revisión sistemática:
- ¿Azúcar? El último gel fue hace 40 minutos → se comió dos geles seguidos.
- ¿Sal? Se había olvidado de las cápsulas de sal → se tomó 2 pastillas.
- ¿Frío? Empapado hasta los huesos → sacó de la mochila la chaqueta cortavientos de repuesto.
- ¿Agua? Bebía con normalidad.
- Recordó su «porqué»: llevaba en el bolsillo una nota: «Quiero demostrarme que puedo. Quiero que mi hija esté orgullosa de mí».
- La regla de los 15 minutos: «Sigo adelante 15 minutos. Si no mejoro, pensaré en retirarme».
- Dividió la distancia: «No pienso en la meta. Solo pienso: llegar al próximo avituallamiento, a 5 km».
Qué ocurrió:
A los 10 minutos la glucosa llegó al cerebro. Las piernas empezaron a obedecer. Entró en calor con el cortavientos. A los 20 minutos ya trotaba suave. En una hora estaba en el avituallamiento, bebió té caliente, comió patatas con sal. La vida recuperó su sentido.
Meta: 11 horas 45 minutos. Con una sonrisa enorme y una medalla.
Lección: el «pozo» es casi siempre fisiología (azúcar, sal, frío, calor), no debilidad real. Tu cerebro intenta engañarte: «Retírate, estás mal». No le creas. Haz la revisión sistemática, date 15–20 minutos. En el 90 % de los casos la crisis pasa y sigues corriendo.
El ultramaratón no va de ser el más rápido. Va de ser el más terco, el más sabio y el que mejor sabe negociar consigo mismo. Es un viaje que empieza mucho antes de la línea de salida y no termina en la meta. Y esperamos que este libro sea tu brújula fiable en esta aventura asombrosa. ¡Suerte!