Capítulo 1. Por qué un ultramaratón no es simplemente un maratón largo

Los dos depósitos de combustible del organismo, el «muro» del maratón como primer bache y los seis pilares sobre los que se construye la preparación para una ultra.

«El ultramaratón no va de correr. Va de obligarte a seguir en movimiento cuando cada célula de tu cuerpo grita: “¡Basta!”»

— Scott Jurek, leyenda del ultramaratón, ganador de la Western States 100 (7 veces consecutivas)

Así que has decidido correr un ultramaratón. ¡Enhorabuena! Te has unido oficialmente al club de la gente que considera que 42,2 kilómetros son solo un buen calentamiento. Puede que tus amigos piensen que has perdido la cabeza y que tus familiares ya estén haciendo acopio de tila. Es normal.

Lo primero y más importante que hay que entender: un ultramaratón no es simplemente «un maratón, pero más largo». Es un deporte completamente distinto, con otras reglas y, lo más importante, con exigencias completamente diferentes para tu organismo. El enfoque de «ya corrí un maratón, así que simplemente correré más tiempo» es el camino directo a la decepción, el sufrimiento y, muy probablemente, a un vergonzoso abandono en medio del bosque a las tres de la madrugada.

Imagina que tu organismo es un coche híbrido. Tiene dos tipos de «combustible»:

  1. Carbohidratos (glucógeno). Es nuestro motor «eléctrico». Potente, rápido, permite acelerar con fuerza. Pero hay un problema: la «batería» es muy pequeña. Alcanza para 1,5–2 horas de trabajo intenso. Cuando se agota, llega lo que los maratonianos llaman «el muro». Es cuando las piernas de repente se vuelven de algodón, la cabeza da vueltas y el único deseo es tumbarte y no moverte. ¿Te suena?
  2. Grasas. Es nuestro motor «de gasolina». No es tan potente, no permite ir muy rápido, pero a cambio el «depósito de combustible» es prácticamente inagotable. Incluso el atleta más delgado tiene reservas de grasa suficientes para correr de Madrid a Barcelona. No suena mal, ¿verdad?

Conclusión: el objetivo de la preparación para una ultra es enseñar al organismo a usar con eficiencia el enorme «depósito de gasolina» de las grasas, ahorrando la pequeña «batería» de los carbohidratos.

Pues bien: el maratoniano es un piloto que intenta exprimir al máximo su «batería eléctrica», recargándola constantemente en los avituallamientos. El ultramaratoniano es un viajero sabio que sabe que su camino es largo y que la mayor parte de la distancia debe recorrerla con el motor «de gasolina», reservando la «electricidad» para las subidas duras y el esfuerzo final.

¿El muro del maratón? En una ultra es solo el primer bache

Si en el maratón «el muro» es la meta, en el ultramaratón es solo el comienzo de las verdaderas aventuras. Las reservas de glucógeno en nuestros músculos e hígado son unas 2000 kcal. Apenas alcanzan para 30–35 km de carrera. ¿Y qué haces cuando todavía te quedan por delante 50, 70 o 100 kilómetros?

La respuesta es simple: hay que enseñar a tu organismo a ser una «máquina de quemar grasa». El objetivo de la preparación para una ultra no es solo entrenar las piernas, sino reconstruir todo el sistema de suministro de energía. Conseguir que, a pulsaciones bajas, use con la máxima eficiencia las reservas de grasa prácticamente infinitas, y guarde los preciados carbohidratos para el caso más extremo.

Los seis pilares del éxito en la ultra

Para convertirnos en ese eficiente «coche híbrido», tendremos que trabajar seis parámetros clave. No te asustes con las palabras raras: en los próximos capítulos desglosaremos cada uno de ellos «con peras y manzanas»:

  1. VO2max (consumo máximo de oxígeno) — la «cilindrada de tu motor». Muestra cuánto oxígeno puedes procesar. Cuanto mayor sea, mayor es tu potencial.
  2. VLamax — la «velocidad de descarga de la batería». Muestra a qué velocidad quemas carbohidratos. Para un ultramaratoniano, cuanto más bajo sea este indicador, mejor.
  3. FatMax — la «eficiencia del motor de gasolina». Muestra lo bien que quemas grasas. Es nuestra baza principal.
  4. Umbrales (LT1, LT2) — las «luces rojas del salpicadero». Ayudan a entender a qué velocidad pasamos de la «gasolina» a la «electricidad».
  5. Economía de carrera — el «consumo de combustible por cada 100 km». Cuánta energía gastas en cada kilómetro del camino.
  6. Resistencia de fuerza — la «solidez de la suspensión». La capacidad de tus músculos para soportar horas de carga, sobre todo en las bajadas y las subidas.

En el próximo capítulo miraremos «bajo el capó» de nuestro organismo y analizaremos estos indicadores con más detalle. ¡Abróchate el cinturón, será interesante!